España va a enviar próximamente un contingente de 1.300 militares a Irak, concretamente a las provincias de Nayaf y Al Qadisiya, áreas de mayoría shií en el centro sur del país. Dada la opinión mayoritaria de la opinión española contra la invasión, es lógico que las estadísticas indiquen que poco más del 6% de la opinión pública se ha mostrado a favor de esta misión. Máxime cuando ahora se trata de una operación de alto riesgo que ya está reportando un significativo número de bajas a los ejércitos norteamerícano y británico.

Los Estados Unidos han tenido que rendirse a la evidencia de que la guerra no ha terminado, que solo ha cambiado de estrategia. El gobierno español, pues, obviando una vez más al Parlamento—y a la inútil corona—, no hace sino enviar tropas para combatir en una guerra absolutamente ilegal, injusta e inmoral. Durante la contienda masiva, nuestras tropas acudieron a lo que eufemísticamente llamaron una misión humanitaria que tenía por misión atender a los invasores heridos, sobre todo si eran objeto de ataques químicos, algo para lo que íbamos bastante bien pertrechados. Finalmente, la demora en llegar al teatro de operaciones hizo que el hospital de guerra se usase para atender a la desvalida y masacrada población civil iraquí, salvando así la delicada situación política en la que se hallaba el ejecutivo.
En esta ocasión se dice que vamos únicamente para trabajar en mejorar la “seguridad y estabilidad” de Irak. Mi capacidad de asombro aumenta por momentos: ¿qué es lo que ha desestabilizado al país? ¿quiénes han deteriorado su seguridad?. La respuestas son tan obvias que no merece la pena siquiera enunciarlas. Pero lo que denota la situación es que los señores del PP nos sigen tomando el pelo como si fuésemos una panda de colegiales. Si, a pesar de la propaganda mediática, la gente invadió las calles en la oleada de manifestaciones más grande que se recuerdan en la historia del Estado Español, era únicamente porque la población no estaba tan adocenada como la norteamericana o como pudiera desear el Sr. Aznar. En general, los europeos no son fáciles de manejar con argumentos tan pueriles.
Estados Unidos puede aplastar por sí mismo a cualquier país que se le antoje. Sin embargo, es incapaz de gestionar procesos de paz. Sobre todo porque el fundamentalismo de sus gobernantes les lleva a caer rehenes de su propias invenciones o las de sus asesores. El cacareado recibimiento agradecido de la población liberada se ha convertido en bailes multitudinarios sobre los vehículos destrozados por la resistencia. Los gastos de las dos últimas guerras, sumados a los del mantenimiento de la fuerza de ocupación están minando la economía americana. EE.UU. necesita apremiantemente la colaboración de otros ejércitos y socializar los costes de la invasión. Claro que para ello ocurra, también debería repartir los beneficios del botín del pirata.
Aznar ya perdió las últimas elecciones por su apoyo a Bush en contra de la opinión prácticamente unánime de la ciudadanía. Ahora, sobre todo si se producen bajas en las filas rojigualdas, es cuando cavará su tumba política y la de su partido. El desprecio al Parlamento, a la opinión pública y a Naciones Unidas, junto con la obediencia a intereses bastardos e inconfesables no merecen otra cosa.
Copyleft Juanlu González
22 julio 03